viernes, 22 de mayo de 2026

LA SIESTA ES SAGRADA (I)

 

Etimología de siesta

Lo primero que tenemos que hacer es analizar la etimología de SIESTA que proviene del numeral ordinal latino sextus-a-um aplicado a la hora (femenino). Los romanos comían a la hora quinta, más o menos de las once a las doce de la mañana y la hora sexta comprendía desde las doce a la una. Es por tanto la hora de después de comer y la siesta es, por consiguiente, el sueño que nos tomamos después de la manducatoria.

         Su etimología es muy simple: sexta > siesta. (La vocal breve tónica “e” pasa en castellano al diptongo “ie” y la consonante doble “x” con sonido [ks] se simplifica en una “s”.

Tipos de siesta

Junto a la siesta tradicional de después de comer encontramos otra siesta que se echa antes de comer y que recibe diferentes nombres:

-         Siesta del carnero: Según parece así se llama porque los pastores, mientras los ganados comían, echaban una siesta y después pasaban a comer ellos.

-         Siesta del obispo: Parece ser que los señores obispos gustaban de esta siesta ante cibum aunque no conozco por qué se la nombra con los pastores de la Iglesia. Es posible que, debido a que madrugaban por los Oficios litúrgicos, los obispos recibieran la vista de Morfeo antes de la comida. Es un suponer.

-         Siesta del carnero (nada que ver con el excelentísimo señor Alcalde de Pucela, don Jesús Julio Carnero):  También se la conoce como siesta del borrego, siesta del cura o siesta del gorrino, dicha esta última palabra con perdón.


 

Duración de la siesta

     Para esta duración hay dos opiniones:

-         Camilo José Cela:  Decía el padronés que la siesta tiene que ser de “Padrenuestro, pijama y orinal”. Es decir, puede pasar tranquilamente de una hora e incluso alcanzar las tres. Los médicos no la recomiendan porque puede quitarnos el sueño por la noche y por la conocida como “inercia del sueño” que es la sensación de levantarse más cansado o aturdido. El escritor padronés refutaba esta idea diciendo que, si nos levantamos más cansados, es porque no hemos dormido lo suficiente.

-         La mayoría de la profesión médica: Consideran que la siesta no debe superar los 20 o 30 minutos para que no se produzca la ya mencionada “inercia del sueño”.

Beneficios de la siesta

         Voy a seguir los que dice la Fundación Española del Corazón  en sus “Los 10 beneficios de una buena siesta”.

1. Previene las cardiopatías. La siesta ayuda a disminuir en un 37% el estrés y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. La falta de sueño incrementa el cortisol, y un exceso de esta hormona aumenta la intolerancia a la glucosa y a la grasa, debilita el sistema muscular e inmunológico y disminuye los niveles de la hormona del crecimiento, lo que puede provocar diabetes y enfermedades cardiovasculares.

 

Cuando se duerme, se libera, sin embargo, la hormona del crecimiento, antídoto del cortisol, que estimula el sistema inmunológico, reduce el estrés y la ansiedad, ayuda a reparar los músculos y a perder peso.

 

2. Reduce la tensión arterial. Un estudio del Allegheny College de Pennsylvania (EE.UU.) realizado a 85 universitarios sanos ha demostrado que quienes duermen una siesta diaria de entre 45 minutos y una hora tras haber soportado un día de estrés y tensión psicológica ven disminuir su presión arterial y su ritmo cardiaco.

 

3. Facilita el aprendizaje. Un estudio de la Universidad de Berkeley asegura que quienes duermen la siesta rinden más por las tardes y aumentan en un diez por ciento su capacidad de aprendizaje. El sueño, dicen, permite afrontar nuevos conocimientos y fijar los ya adquiridos. Sería algo así como resetear el cerebro. Por esta razón, el descanso tras el almuerzo aumenta la productividad de los trabajadores y el rendimiento escolar de los niños.

 

4. Aumenta la concentración. Existen numerosos estudios que demuestran que la siesta (incluso de seis minutos) contribuye a mejorar cualquier tarea que suponga recordar listas de palabras o de objetos. El sueño facilita el almacenamiento de la memoria a corto plazo y deja espacio para nuevos datos. Durante el sueño, los recuerdos recientes se transfieren del hipocampo al neocórtex, nuestro disco duro, donde se consolidan los recuerdos a largo plazo.

 

5. Estimula la creatividad. Un equipo de neurólogos de la Universidad de Georgetown ha comprobado que la siesta aumenta la creatividad o, al menos, estimula la actividad de la zona del cerebro (el hemisferio derecho) que se asocia con esta capacidad.

 

6. Facilita resolver problemas. Robert Stickgold, profesor de Psiquiatría de la Harvard Medical School, ha descubierto que cuando los sujetos alcanzan la fase REM del sueño (fase de gran actividad cerebral en la que soñamos), les lleva menos tiempo realizar diferentes conexiones entre ideas.

 

7. Mejora los reflejos. Un estudio de la NASA a 747 pilotos demostró que aquellos que dormían una siesta diaria de 26 minutos cometían un 34% menos errores en el trabajo y duplicaban sus niveles de alerta.

 

8. Favorece la abstracción. Un organismo estadounidense ha estudiado las expresiones faciales de varios niños de 15 meses ante frases que han oído anteriormente. Los niños que durmieron la siesta aprendieron una oración y su relación con otras, mientras que el resto no reconocía las frases. Esto sugiere que la siesta favorece el aprendizaje abstracto o capacidad de detectar el patrón general de una nueva información.

 

9. Fomenta la positividad. Otro estudio de Berkeley dice que los individuos que duermen la siesta y pasan por la fase REM aumentan su receptividad ante la expresión facial de felicidad, mientras que quienes no lo hacen manifiestan más ira y miedo.

 

10. Mejora el estado de ánimo. La serotonina es un neurotransmisor que regula el sueño, el apetito y el estado de ánimo. Y dormir inunda nuestro cerebro de serotonina, lo que nos proporciona una sensación de satisfacción y bienestar.

Por lo que vemos, se reduce el cortisol y hay un aumento de la serotonina. Todo esto ni lo sabían los obispos, ni los pastores, ni mi abuelo Luis, pero conviene que se sepa. Así pues, podemos decir con toda tranquilidad:

LA SIESTA ES SAGRADA


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