viernes, 20 de mayo de 2016

EL ESCARABAJO




La lectura de El escarabajo, de ese grandísimo escritor que fue Manuel Mujica Laínez, la tenía pendiente desde hacía algunos años. Leí Bomarzo en su momento y me gustaron aquellas páginas tan barrocas en las que Manucho nos contaba la vida del aquel jorobadillo que era el duque de Orsini en aquel e jardín espectral de monstruos. Pensaba que El escarabajo no me iba a defraudar y así ha sido: desde la primera a la última página de las casi seiscientas que  conforman la obra, fluye una corriente eléctrica que hace que no puedas dejar el libro. ¿Cuál será el próximo poseedor del escarabajo?; ¿ Roldán, una viuda rica norteamericana, un rey de Francia en el exilio porteño?
He contado más de setenta y ocho afortunados poseedores de tan codiciada joya y, con cada uno, va un retazo de vida e historia narrado siempre por el escarabajo, la pequeña joya que Ramsés II regaló a su mujer Nefertari. He disfrutado mucho, mucho, mucho y os lo cuento para que lo leáis, para que disfrutéis de la gran prosa de Mujica Láinez (Mujica y no Mújica, como el pobre don Manuel se esforzaba en repetir), para que veáis cómo se escribe bien sin necesidad de escribir obras que entiendan cuatro amiguetes. Para el mes que viene, junio, me leeré El unicornio y, para julio, me releeré Bomarzo: el duque de Orsini y Senén Pérez, que tanto quería la obra,  me esperan en sus jardines y no le puedo defraudar. No sería propio de un caballero.


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