domingo, 6 de septiembre de 2015

LA MÚSICA EN TOMÁS DE IRIARTE




Este poema de Tomás de Iriarte demuestra que hubo un tiempo en que había una España diferente, una España en la que florecían las Sociedades de Amigos del País, en que había curas como Feijoo que buscaban la luz con la fe, en la que se oía a Haydn, en que cabía la esperanza de que algún día, pudiéramos ser como otros países de Europa y que no había que ser francés para poder apreciar la música o la poesía. Pero fue una ilusión que la invasión francesa echó por tierra. Luego, vino Fernando VII y sus casposidades, y las “camarillas” y los espadones y los pronunciamientos y los caciques y tantas cosas. Y ya España perdió el camino que había emprendido en el siglo XVIII. ¿Lo volveremos a retomar? La esperanza siempre queda en el fondo de la tinaja de Pandora.

 

EL DON JUAN DE BYRON


 
Andaba el bueno de Byron, al que vimos no hace mucho en otra entrada, buscando un héroe, pero que le fuera duradero y no como ésos héroes que duran no más de un mes. Parece que lo que acabo de escribir se refiere a nuestra época en la que los “héroes” duran menos que un pastel a la puerta de un colegio que decían los antiguos. Y Byron se viene a Sevilla y se fija en don Juan y escribe no una obra sobre don Juan (que también) sino algunas conquistas de don Juan a las que añade muchos pensamientos propios. Me ha gustado mucho eso que dice que “la poesía es una paja llevada por la humana inspiración en la dirección que imprime el espíritu; es una cometa que vuela entre la vida y la muerte”.  (Is poesy, according as the mind glows;/ a paer kite wich flies ‘ twixt life and death). Cuando no se entregaba a sus vicios, Byron escribía muy bien e incluso cultivaba esa imagen de dandi que tan buenos resultados ha dado en la literatura posterior. La verdad, lo prefiero escribiendo porque, como todos los que van de machos, me resulta patético en su versión de british - lover.  

martes, 25 de agosto de 2015

BENI DE CÁDIZ




Benito Rodríguez Rey nació en Cádiz, un 26 de enero de 1929, según cuenta él porque se lo contó su madre, en medio de una noche de tormenta. La madre, que según Beni, era algo bruja, le vaticinó que moriría el mismo día que había nacido y - cuenta de nuevo Beni con su gracejo gaditano - cada 26 de enero respiraba tranquilo porque no se había cumplido el fatal vaticinio materno. Era un hombre tocado por la gracia, abrasado por el hálito de los dioses del cante; era un artista inconmensurable e impredecible que podía llegar a alturas estratosféricas en el cante o quedarse sin memoria en un festival. Ya en 1959 casi se muere y hasta se le hace un homenaje, pero, como un Ave Fénix gaditana y llena de gracia, Beni de Cádiz resurrexit sicut dixit y en 1971 recibió el Premio de Honor en el Concurso Nacional de Córdoba. Sin embargo, al poco la enfermedad lo vuelve a tumbar por el suelo, pero Beni Fénix vuelve a resucitar y en 1976 recibe el Premio Nacional de Cante. Sus últimos años los vive en la pobreza, en el olvido, en la indiferencia. Jesús Quintero le hace una entrevista antológica en la que Beni de Cádiz derrocha arte, simpatía y gracia gaditana. Ahí es donde contó lo de su madre y tantas cosas más. Cantando era un fenómeno, tanto en los cantes más ligeros como en los más hondos. Si alguien tiene dudas, que lo escuche cantar por seguiriyas o por soleares y luego que pruebe a oírlo por bulerías, por alegrías o por fandangos. Algunos lo acusaban, como si eso fuera pecado, que se parecía mucho a Manolo Caracol, pero es que los críticos siempre tienen que decir algo, aunque sean tonterías. Beni de Cádiz se murió joven (no había cumplido los sesenta y tres), pero ya sabemos por los griegos que “los preferidos de los dioses mueren jóvenes. Eso sí, su madre no acertó porque Beni se nos fue en 1992, pero no el 26 de enero, sino el 22 de diciembre, ese día en que los Niños de San Ildefonso cantan el Gordo de la Lotería de Navidad. ¡Hasta para morirse tuvo gracia el tío!

LA PERLA DE CÁDIZ




Se llamó para el siglo Antonia Gilabert Vargas, pero en el santoral  del flamenco es conocida con el nombre de La Perla de Cádiz. Nació en la ciudad más antigua de España en 1925 y se nos fue en 1975 con tan sólo cincuenta años. Era hija de Rosa la Papera, gran cantaora de bulerías, y tiene un puesto de honor junto a otros gaditanos como Beni de Cádiz, Pericón de Cádiz o Aurelio Sellés. Cantó en los tablaos de Madrid (Los Canasteros, Torres Bermejas, El Corral de la Pacheca o El Corral de la Morería),  en los Gallos de Sevilla o en las Cuevas del Pájaro Azul de su ciudad. Sin embargo, lo que os quiero contar es que un niño se quedaba embelesado al oírla cantar; que ese niño era rubio y había nacido en la Isla de San Fernando; que era gitano y que se llamaba José. Ya muchos habréis caído en la cuenta de que ese niño, andando el tiempo y tras cantar en los tranvías con su amigo Rancapino, se convertiría en el mítico Camarón de la Isla. Ya se ve que en la vida, pese a lo que digan los malos pedagogos, influyen muchos los buenos maestros.


 
 

MANUEL ARCE, UN CÁNTABRO DE LLANES


Manuel Arce nació en San Roque del Acebal, una aldea del concejo de Llanes, en Asturias, pero desde los seis años vive y escribe en Santander. Acabo de leer una antología que recoge sus poemas entre 1947 y 1954 y que publicó Icaria en junio de 2008. Desde muy pronto, entró en contacto con Maruri, Hierro, Gerardo Diego y otros grandes de la poesía cántabra y española. Sin embargo, Arce es más conocido como novelista y entre sus obras están La tentación de vivir, Anzuelos para la lubina y, la llevada al cine junto con Testamento en la montaña, Oficio de muchachos. No he leído ninguna novela suya y, cuando lo haga, os contaré. De Arce me queda el recuerdo de un buen poeta al que merece la pena leer. Por cierto, que ha poco ha cumplido ochenta y siete años. Iam senior, sed cruda viridisque deo senectus que dijo Virgilio.

LOS FEOS DE VILLALPANDO



Desde pequeño, Villalpando, la hermosa ciudad zamorana que cuenta con esa bellísima puerta que es la de San Andrés y que es patria chica de un gran torero, Andrés Vázquez,- que todavía en julio de 2012 le cortaba un rabo a un Victorino en el L aniversario de su alternativa demostrando que con ochenta años aún queda vida y arte, tenía el aliciente de los Feos, esas pastas duras y dulces que mis padres compraban en la gasolinera de la entrada. Siempre que voy a Villalpando, en esa hermosa Tierra de Campos zamorana, me traigo una caja de Feos para casa. Para mí, los mejores son los de La Concepción, una confitería de las hermanas Burgos que está en la Plaza Mayor y que, por larga tradición familiar, las llevan haciendo desde 1850. Su fórmula es secreta, pero se basa en almendra, azúcar, harina y huevo. A algunas personas les gustan mojadas en el café, pero yo las prefiero “ a pelo”. Además estoy convencido de que son el secreto de la eterna juventud del maestro Andrés Vázquez.

 

domingo, 16 de agosto de 2015

EL BANQUETE DE CONXO




No todo banquete famoso tiene que ser por fuerza el de Platón. Hoy quiero hablaros de otro banquete famoso: el banquete de Conxo.  El 2 de marzo de 1856, en ese lugar cerca de Santiago, obreros, artesanos y estudiantes confraternizan  y son estos últimos los que sirven a los obreros y artesanos en un gesto social que recuerda al lavatorio de pies a los apóstoles por parte de Cristo. Como es lógico, esta subversión del orden social con los señores sirviendo a los sirvientes no gustó nada en la ciudad del Apóstol. Entre los asistentes, estaban Aurelio Aguirre, poeta del que Rosalía de Castro se basó para su Sombra negra y Eduardo Pondal. Se especula con que la propia Rosalía estuviera presente en el acto, pero tampoco lo sabemos con seguridad. Este banquete pasó a la memoria colectiva de Galicia. Por cierto, que el Hospital Psiquiátrico de Conxo es un hermosísimo edificio rodeado de un robledal que tomaron los ejércitos por miedo a que aquello acabara en una insurrección. Y, de nuevo por cierto, de Aurelio Aguirre ya hablaremos más adelante.