martes, 12 de septiembre de 2017

OBSERVACIONES Y RECUERDOS DEL CONDE DE ROMANONES



En estos días septembrinos tan hermosos, me he puesto a leer a Romanones en su libro Observaciones y recuerdos. El conde estevado  fue un prolífico escritor que dejó muchos libros cuando falleció en 1950. Abogado de formación, pero que tan sólo  ejerció una vez, en un caso de oficio en el crimen de la Guindalera, tal y como cuenta en el libro, Romanones fue ante todo político y monárquico para más señas. En el libro, que se deja leer, es insufrible cuando habla de Jerusalén como la ciudad en manos de los deicidas, pero el resto se disfruta. Recordemos que el conde ya alcanzaba los ochenta cuando lo escribió y ya se sabe aquello que, del viejo, el consejo. Sin embargo, falta uno que yo oí siempre en mi casa:

         Parece ser que el conde paseaba por Madrid con un amigo y que éste, al ver en una obra a un grupo de obreros echando la bendita siesta de los pobres, le dijo: “Romanones, mire cómo duermen los obreros”. A lo que el conde contestó: “Déjelos usted dormir que el día que despierten…”

         Tiene toda la pinta de ser apócrifa, pero es graciosa. También -  y esta es verdadera-, solía decir: “Ustedes hagan las leyes que yo haré los reglamentos”.

         Había nacido en Madrid en 1863 y provenía de una familia noble – los padres eran los marqueses de Villamejor- que poseían casi media Guadalajara y las minas de la Unión en Cartagena. El pobre se quedó cojo al caerse de un coche de caballos en la infancia y eso le hizo blanco de las caricaturas de la époeca.  Algunos historiadores lo consideran el típico político maniobrero y con una tendencia al caciquismo (en Guadalajara, “salió” diputado durante cincuenta años), pero nos dejó dos leyes que son dignas de recordar: la que permitió que los maestros cobraran del Estado y la que dejaba la jornada laboral en ocho horas.

         Don Álvaro se casó con una hija de Alonso Martínez, el prestigioso abogado madrileño con el que trabajó Germán Gamazo y, entre su hijos, tenemos que destacar a Agustín, padre de Natalia Figueroa y suegro de Raphael, hombre dedicado al teatro que solía decir con cierta gracia: “Primero fui el hijo de Romanones; luego el padre de Natalia y ahora el suegro de Raphael”. Don Agustín fue Marqués de Santo Floro, título que no  lleva en la actualidad su primogénita Natalia, siendo el conocido cantante de Linares marqués consorte y, por si fuera poco, ambos, Rafael Martos y Natalia Figueroa, consuegros de Pepe Bono. ¡Qué más se puede pedir a la vida!

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