Me
he terminado de leer el maravilloso libro de John Eliot Gardiner, conocido
director de orquesta británico y uno de los mayores especialistas en Bach que
en el mundo hay, que lleva por título La
música en el castillo del cielo- Un retrato de Johann Sebastian Bach y
quiero deciros, en ésta y en posteriores entradas, cómo fue la vida y la obra
de mi muy querido Bach. En la página 273 (el mamotreto casi alcanza las novecientas
páginas), Gardiner nos cuenta del enfado que Bach tuvo con un fagotista en Leizpig
al que llamó zippel Fagottist que Gardiner nos cuenta que significa “pardillo”, “tunante” o, de manera más
literal, “fagotista gilipollas”. Como es normal, el fagotista, que se llamaba
Johann Heinrich Geyersbach, se cabreó un montón con su director y el 4 de
agosto de 1705, le esperó en la plaza del mercado. Le pide explicaciones por su
insulto y, finalmente, le sacude un tortazo. Bach, lejos de poner la otra
mejilla, sacó su espada. Un grupo de estudiantes puso fin a la pelea y Bach se
alejó del lugar sacudiéndose el polvo. Eso sí, denunció al fagotista que, a su
vez, enseñó sus chaqueta agujereada por el espadín de Bach. Al final, el
consistorio amonestó al tal Geyersbach,
pero también castigó a Bach llevándole a una iglesia “de segunda”. Y es que el
maestro Bach no tenía buena fama en lo que respecta a su trato con los
estudiantes aunque en la próxima entrada os contaré que los estudiantes eran
algo más que “disruptivos”.
Ya veis, hasta el padre de la música perdió
los nervios por un estudiante. ¿Qué no nos va a pasar a los demás?

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