En
las casas antiguas de los pueblos había un corral en donde se revolcaban los
mulos, se acumulaba la leña, se guardaban aperos y, en aquellos tiempos en que
los retretes no estaban en el interior de las casas, servía también para que el
propietario defecara en el muladar que era el lugar a donde iba toda la basura
de gallinas, conejos, cerdos y también de la limpieza de las cuadras. Era la
parte menos noble de la casa, pero era necesaria para la “higiene” de sus
habitantes. Desde hace más de un siglo, los EEUU consideran Hispanoamérica como
su corral. Cogen la leña que quieren, lo modifican a voluntad y, finalmente, se
cagan (con perdón) donde les apetece porque el corral es suyo y “obran” donde
les place. Que hay que matar una gallina que cacarea demasiado pues se mata y
santas Pascuas, pero no pensando en las otras gallinas, sino por sacar más
beneficio al gallinero. Todo lo que hay en el corral es del amo y el amo usa de
ello a voluntad. También saca su basura y la echa en el corral y así “coloca”
electrodomésticos y coches viejos que ya no usa. Al fin y al cabo, el corral es
lo que no se ve, lo que hace que el señor pueda vivir sin trastos molestos. En
ocasiones, el amo del corral se mete en fincas privadas y deja también en ellas
su estiércol. Sabe que nadie le va a decir nada y mucho menos el Ayuntamiento
al que controla y domina con su derecho
de veto. Al fin y al cabo, una gallina de menos o de más viene a ser lo mismo y
tampoco interesa que las gallinas tomen conciencia de su estado de dependencia
porque, si lo llegan a hacer y se sublevan, el amo les deja sin comida.
Hispanoamérica, durante muchos años, ha sido el corral de los EEUU y, sin irnos
muy lejos, las putas y los burdeles
poblaban la Cuba de Batista hasta que llegó Fidel y les chafó el negocio. La
pena es que el comandante y sus secuaces devinieron más tiranos que los tiranos
a los que echaron. No es nada raro lo de Cuba ni los ataques de potencias
contra los menos potentes. Es la ley de la calle llevada a las esferas inmundas
de la política internacional o la geopolítica como la llaman ahora. El más
macarra, el que lleva navaja, el que sacude sin piedad es el jefe de la banda. Y
lo terrible es que, si se va el jefe malo, viene otro peor que es más macarra,
que sacude más fuerte y que la tiene más larga (la navaja, por supuesto). Nihil novum sub sole. Atenas también
hacía “operaciones de castigo” contra los que se marchaban de la Liga de Delos.
El mundo, en 2500 años transcurridos, sigue siendo el mismo.

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