viernes, 2 de noviembre de 2012

DON BENITO PÉREZ GALDÓS
         He terminado de leer el episodio nacional que lleva por título El 19 de marzo y el 2 de mayo y, como todo lo que he leído del escritor canario, me ha parecido una lectura fantástica, para recordar durante muchos años y para seguir en esa empresa ardua que es la lectura de tanta obra del escritor canario. Y con todo, la extensión tan enorme de la obra de don Benito casi podríamos decir que es una bendición porque, por mucho que se lea de él, siempre queda, por suerte, algo nuevo por leer. Me llama la atención que a Francisco Umbral, cuyas páginas también he leído con mucho deleite - salvo cuando se “atranca” con su obsesivo sexo -, diga que “Galdós se repite” y lo acuse de ser un autor poco dado a bellezas prosísticas y de practicar un tipo de escritura, por decirlo de alguna manera, poco sensible. De este episodio nacional os copio algunos pasajes que me han llamado la atención.
         Así describe Galdós el comienzo de la primavera en Aranjuez:
         Dime por convencido y callé. Durante un rato bastante largo no se oyó más que el sordo murmullo de diálogos sostenidos en voz baja, algunos sordos ronquidos, sofocadas toses y a los lejos el canto de las discutidores cantos y el rumor de leves movimientos del aire sacudiendo las ramas  de los olmos, que empezaban a reverdecer. La noche era tranquila, triste, impregnada de ese perfume extraño que exhalan las primeras germinaciones primaverales. El cielo estaba tachonado de estrellas, a cuya pálida se dibujaban los espesos y negros árboles, la silueta cortada del Real Palacio, y más allá la figura de Anteo de mármol, levantado del suelo por Hércules, en el grupo de la fuente monumental que limita el llamado Parterre.
            Unas páginas después, Galdós describe así una parte de la tienda de los Requejo:
         Un mostrador negro y muy semejante a las mesillas en que piden limosna para los ajusticiados los hermanos de la Paz y la Caridad, indicaba que allí estaba el cadalso de la miseria y el altar de la usura.
            Como se puede ver, no faltan los detalles irónicos en Galdós.
         Finalmente y para ya cerrar esta entrada, no puedo dejar de copiar la “idea de España” que pone en boca del sacerdote Don celestino:
 
         ¿Vosotras sabéis lo que es España? Pues es nuestra tierra, nuestros hijos, los sepulcros de nuestros padres, nuestras casas, nuestros reyes, nuestros ejércitos, nuestra riqueza, nuestra historia, nuestra grandeza, nuestro nombre, nuestra religión. Pues todo esto nos lo quieren quitar. ¡Muera Napoleón!
                        Pues ya veis, así de bien escribía el bueno de don Benito. Por cierto, qué lástima que en estos momentos nadie pronuncie unas palabras como las de don Celestino.
Boecillo, a 30 de octubre de 2012

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