jueves, 31 de mayo de 2018

DE SENE VERONENSI, UN HERMOSO POEMA DE CLAUDIANO




        
Muchos años han pasado desde que leí por primera vez este maravilloso poema de ese poeta latino tardío que es Claudiano, un poeta de Alejandría que fue poeta de corte de Honorio. Era de lengua griega por su nacimiento en Egipto, pero la mayoría de su obra está en latín de la que podemos destacar varios panegíricos y De bello gothico. Sin embargo, su obra más conocida es De raptu Proserpinae. Pero, para este blog,  he vuelto a este texto de mi juventud, un poema compuesto en dísticos elegíacos, es decir, con parejas de hexámetros y pentámetros dactílicos, y que siempre me ha resultado una fuente de gozo. Me he puesto a la labor y he querido dejaros esta traducción que espero que os guste. Primero, como es lógico, va el texto latino; luego, mi humilde traducción.

Felix qui propriis aevum transegit in arvis,
ipsa domus puerum quem videt, ipsa senem;
qui baculo nitens in qua reptavit harena
unius numerat saecula longa casae.
Illum non vario traxit Fortuna tumultu,
nec bibit ignotajs mobilis hospes aquas.
Non freta mercator tremuit, non classica miles,
non rauci lites pertulit ille fori.
Indocilis rerum, vicinae nescius urbis
adspectu fruitur liberiore poli.
Frugibus alternis, non consule computat annum:
autumnum pomis, ver sibi flore notat.
Ideen m condit ager soles idemque reducit,
metiturque suo rusticus orbe diem,
ingentem meminit parvo qui germine quercum
aequaevumque videt consenuisse nemus,
proxima cui nigris Verona remotior Indis
Benacumque putat litora Rubra lacum.
Sed tamen indomitae vires firmisque lacertis
aetas robustum tertia cernit avum.
Erret et extremos alter scrutetur Hiberos:
plus habet hic vitae, plus habet ille viae.


Feliz el que en campos propios pasó su vida,
a quien la misma casa ve de niño y de anciano;
el que se apoya con su bastón sobre el suelo en el que gateaba
y cuenta los largos años de su única cabaña.
No lo arrastró la Fortuna con su cambiante tumulto,
ni bebió, como errante peregrino, aguas desconocidas,
ni como mercader tuvo miedo del mar, ni como soldado de la       
[trompeta,
ni causa ninguna defendió en el ronco foro.
Indiferente a todo, sin conocer la ciudad vecina,
disfruta en la contemplación del cielo.
Por los variados frutos, no por los cónsules, los años cuenta:
otoño por sus manzanas conoce, primavera, por sus flores.
El mismo pegujal le esconde los soles, el mismo pegujal se los
[retorna,
y, como campesino, el mundo mide por sus periodos.
Capaz es de recordar la gigantesca encina cuando era un brote
y ve que el bosque coetáneo envejece con él.
La cercana Verona  más remota le resulta que los negros Indos
y el lago Benaco es para él el Mar Rojo.
Pero sus fuerzas son indómitas y, con firmes miembros,
la tercera generación contempla a un abuelo  robusto.
Sea otro el que viaje y explore los remotos iberos:
más tiene éste de vida, más tiene aquel de camino.


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