domingo, 28 de junio de 2020

LISÍSTRATA E IRENE MONTERO


La idea el argumento de la Lisístrata de Aristófanes se puede resumir en con muy pocas palabras: las mujeres de Atenas, instigadas por Lisístrata, la que disuelve ejércitos, se niegan a tener relaciones sexuales con sus maridos hasta que éstos hagan las paces con los enemigos. Esta idea,  que ni siquiera la podrían superar Irene Montero y su coro de asesoras, puede llevarnos a pensar en un feminismo avant la lettre por parte del comediógrafo ateniense. ¡Nada más lejos de la realidad! Tenemos que pensar en cómo era la situación de la mujer en la Grecia clásica: encerrada en casa, viviendo en el piso de arriba con las criadas y los niños pequeños y sin tener apenas trato, nada más que el “indispensable” con los hombres. Por supuesto que no podían ir al teatro y,  por tanto, las atenienses jamás vieron esta obra que sí disfrutaron sus esposos. Y es,  en ese contexto de machos atenienses,  como tenemos que apreciar – tal y como explica Juan Carlos Iglesias Zoido, profesor de la Universidad de Extremadura, el verdadero significado de esta obra: lejos de ser una defensa de las mujeres, es una burla de las mujeres por parte de un grupo de machitos a los que le haría muchísima gracia ver cómo esas pobres esposas que tenían encerradas en sus casas hacían una huelga de sexo. Aristófanes, como en las aves, no crea una situación posible o dable en la Atenas de su siglo, sino una utopía, un algo irrealizable que para lo único que podía servir era para que los atenienses hicieran befa y escarnio de lo que podían llegar a imaginar – siempre según la imaginación de Aristófanes, esas ménades a las que apenas entendían y a la que, en el fondo temían. Mutatis mutandis, es como si los señoritos blancos del Sur de los Estados Unidos hubieran escrito una obra de teatro en la que los esclavos negros fueran los amos y ellos los sirvieran. No sé si existe esa obra – la crueldad del ser humano es infinita-, pero, si se hubiera dado alguna vez, tan sólo hubiera servido para que los amos se partieran de risa al ver algo que era absolutamente irrealizable. Para ver una Lisístrata “feminista”, tenemos que esperar hasta el siglo XX en donde la capacidad de actuación de las mujeres fuera capaz de crear situaciones como éstas. Pero ¿sigue siendo Lisistrata una utopía aún en pleno siglo XX? ¿Quién manda, a día de hoy en el lecho matrimonial? Ahí os quiero ver.


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